martes, 22 de octubre de 2013

LOS "MAULLIDOS" RUMBEROS DE GATO PÉREZ

EL POETA DE LA RUMBA



Conocí al “poeta de la rumba”, Xavier Patricio Pérez Álvarez (Buenos Aires, 1951 --de nombre artístico Gato Pérez, en  1981 cuando  llego a A Coruña para compartir escenario en el Pabellón de Deportes con la Orquesta Mondragón.

Venía acompañado de su manager personal Carles Flavio  para presentar su disco Atalaya en el que figuraban las canciones  Gitanitos y Morenos y Se fuerza la máquina que, sobre todo la primera, le darían la posterior fama   de ser reconocido como el renovador de la rumba catalana, estilo musical del que quedo atrapado al descubrirlo en las Festes de Gràcia, donde tocan los famosos gitanos de ese barrio. Con la rumba Gato por fin había encontrado la música perfecta para esas letras absolutamente increíbles que  componía.

No era su primer disco ya que con antelación había grabado Carabruta y Romesco ( Edigsa 79 )  -- que fue votado Mejor Disco Español de 1979 y recibió un  Olé de la Canción -- con los que empezó a experimentar con la rumba catalana  y donde se podía escuchar la pieza El ventilador, una rumba catalana en castellano de gancho inmediato que tendría mucho éxito y le abriría a Gato Pérez las puertas de la multinacional Emi - Odeón que le ofrece un contrato por cinco años y un lanzamiento a nivel de todo el territorio español.

Paralelamente, Barcelona deja de ser la punta de lanza de la vida nocturna española, y a Madrid y a su naciente movida se trasladan músicos como Loquillo o Sisa, a los que Barcelona empieza a resultarles estrecha. También a Gato le llega el éxito, pero, sin emigrar,  sin moverse de Barcelona donde había dado sus primeros pasos en varios grupos musicales Sloblo, El Gato y Secta Sónica grupo encasillado en un movimiento que en los 70's se le llamo rock Laietano -- Música Urbana, Orquesta Mirasol, Gotic, Iceberg, Toti Soler, la Orquesta Mirasol y la Compañía Eléctrica Dharma. -- que consistía en fusionar Jazz rock progresivo con toques mediterráneos y folk catalán. Gato Pérez formaba parte del entourage  de Zeleste  la mítica sala de conciertos de Barcelona que era lugar de encuentro de la burguesía catalana con ideales supuestamente progres y una plataforma aglutinadora para la práctica totalidad de músicos barceloneses.

GIRA PROMOCIONAL CON VISITA A LA RADIO FELIZ

El concierto de A Coruña de Gato Pérez y La Orquesta Mondragón formaba parte de una gira promocional, atípica por entonces, para presentar los discos Atalaya  de Gato Pérez y Bon Voyage, segundo álbum de la Orquesta Mondragón liderada por Javier Gurruchaga que incluía las canciones Viaje con nosotros  y Caperucita feroz que fue el éxito del verano de 1981 y sus primeros versos, hola mi amor yo soy el lobo se escucharon por doquier.
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 La gira coordinada directamente por Rafael Gil, el director general de la Emi en España  -- también compositor de éxito bajo el alias de Ray Girado --, me encarga  la producción y promoción del concierto a través de la Radio Felíz y a ella llegan el día anterior al mismo Javier , con Javier Gurruchaga, siempre divertido y excéntrico junto a Popocho Ayestaran, cómico que valiéndose únicamente de la mímica convertía cada canción en un pequeño gag humoristíco. Tras la entrevista radiofónica, la comida de rigor, y por la tarde la prueba de sonido en el Pabellón. Allí aparece Gato Pérez con Carles Flavio. Como sus  músicos aun no habían llegado decide posponer la prueba para el día siguiente y con la misma nos vamos los tres a cenar mientras Gurruchaga decide ir al hotel a descansar.

POR LA NOCHE, EN EL CABARET , TODOS LOS GATOS SON PARDOS

Bien cenados, y tras una distendida conversación,  me percato de que a Gato le va la marcha nocturna. Llega la hora de tomar la copa …¿Dónde está el ambiente en esta ciudad?, pregunta Gato…Y los llevó al cabaret Marux Boite para presenciar el show de sus esculturales vedettes . Allí la noche se prolonga y entre ji, ja, jas me entero de que Carles Flavio es cura… Me quedo sorprendido por la situación aunque la escasa luz no deja vislumbrar mi cara. En vista de lo cuál me acerco a la barra para pagar las consumiciones -- invitaciones incluidas -- con cargo a la producción del concierto del que ya se habían vendido un buen número de entradas anticipadas.

 Al salir del local estaba amaneciendo y mientras esperábamos el taxi Gato se acerca a mí para pedirme dinero…No tengo un duro, me dice, y extrañado por la situación le presto unos cuantos duros sin saber si eran a fondo perdido o con vuelta.Los dejo en el hotel y sigo hasta mi casa. En el trayecto fui dándole vueltas al sablazo que me había dado Gato Pérez y como cargarlo en las cuentas de producción que tenía que dar al hermano de Rafael Gil, responsable de la gira, al día siguiente.

DEUDA SALDADA

A primera hora de la tarde, me acerco por el Pabellón de Deportes para supervisar el montaje y allí estaba Gato ensayando con su grupo. Al bajar del escenario se dirige a mí y después de darme las gracias, me devuelve el dinero prestado la noche anterior. Y no solo eso, sino que me cuenta que el y la Mondragón  actuaban por los gastos, que no cobraba nada al ser una actuación promocional obligada por contrato con la compañía.

La situación, me hizo abrir los ojos y mostrar mi incredulidad ante la perspectiva de que, de la recaudación millonaria del concierto -- asistieron cerca de 8.000 personas -- los artistas no verían ni un duro. Los contratos son los contratos. Por cierto, Gato Pérez fue el telonero y durante su actuación interpretó Gitanitos y Moreno, Ebrios de soledad, una canción preciosa ambientada en Zeleste y dedicada a Carles Flavio, y Se fuerza la máquina

De tanto forzar la máquina , a los pocos meses  Gato Pérez padece un infarto, y empieza a tener graves problemas de salud y la fatiga producida por sus problemas cardíacos lo obliga a dejar el alcohol. A partir de ahí se le acabó la vida nocturna, el jaleo de los conciertos, el inspirarse con ansiedad. Sus siguientes álbumes los saca, según sus propias palabras, bajo los efectos del agua mineral .Los problemas de salud no abandonaría a Gato Pérez hasta su muerte el año 1990. Posteriormente, su figura ha sido objeto de numerosos homenajes por parte de la profesión musical. Ventura Pons, que ya contó con Gato Pérez para la banda sonora de su película 'La rubia del bar', ha dirigido un documental acerca de su vida, titulado 'El gran Gato'.