lunes, 14 de octubre de 2013

EL ENTUSIASMO DE MILES DE MUJERES CONVIERTEN A "EL PUMA" EN UN "PAVO REAL".

NO ES TAN FIERO "EL PUMA" COMO LO PINTAN


Esta es la impresión que saqué al conocerlo personalmente en el año 1981 cuando José Luis RodrÍguez vino A Coruña para actuar en el Pabellón Municipal de los Deportes. Venía precedido de una fama de "guaperas" provocador de histerias femeninas, y sin conocerlo, mi otro yo "el envidioso",  tal vez por el éxito que tenía entre las mujeres, le había confeccionado un "traje a la medida" de persona presuntuosa y distante, aupada en el pedestal de la vanidad. Lo que se conoce vulgarmente como "gilipollas". El anuncio de su actuación en A Coruña había provocado largas colas de mujeres ante las taquillas y también una oleada inusual de peticiones de autógrafos por parte de amigas mías, declaradas fans suyas, que solicitaban un recuerdo de su ídolo  e incluso que las "colara", si tenía oportunidad, en los camerinos para estamparle unos besos en la mejilla.

El "Puma" había llegado A Coruña la misma mañana de la actuación y su manager, por indicación de la compañía de discos, se puso en contacto conmigo para conocer la marcha del concierto. Quedamos citados en el Hotel Atlántico para conversar y mientras iba camino de la cita, debo reconocer que me acompañaban todas las dudas del mundo sobre la personalidad de un artista amamantado en los pechos de las "histerias" femeninas. Con el blindaje adecuado, por si me encontraba con un "Pavo real"-- título de la canción de éxito que lo traía A Coruña --, llegué al hotel en cuya cafetería me estaban esperando "El Puma" y su manager. La afabilidad con que fui recibido, tiró por tierra mis intenciones de abreviar la charla con el premeditado  "hola y adiós", en el caso de que mis presunciones se cumplieran. 

MARISCO PARA "LA FIERA"
¿Dónde hay por aquí cerca un restaurante para comer marisco?... ¿ Nos acompañas?. Acepté la invitación de compartir  mesa y marisco con ellos y nos fuimos al Duna. Durante la comida, y entre "salpicaduras" de percebes, José Luis Rodríguez me pregunta si conocía a unas personas amigas suyas de Venezuela -- me dio nombres y apellidos -- que sabía estaban viviendo en A Coruña. No las conocía, pero, como había buen rollo y la conversación iba discurriendo por derroteros de cordialidad, me ofrecí para hacer alguna gestión sobre el paradero de las mismas. Hablamos del buen ambiente que había para el concierto y tras las explicaciones técnicas de cómo hincarle el diente a los "Santiaguiños", les cuento mis apuros para poder atender el elevado número de peticiones  que tenía de sus fans para que firmara autógrafos: "¡ No te preocupes!.

 Al terminar la actuación las traes al camerino y allí firmaré lo que haya que firmar". Increíble tanta amabilidad, incluida la del manager, cuando lo normal en estos casos es poner un filtro, por razones de seguridad, en los camerinos. Disfrutando de la "caca" de la centolla me cuenta, a petición mía, su trayectoria artística que alarga durante la degustación de una merluza a la gallega: "Di mis primeros pasos en la música en la Escuela Técnica Industrial de Caracas formando parte de un quinteto que se llamó Los Zeppis y estaba inspirado en la música de Los Platters y Los Cinco Latinos. Años más tarde, sin dejar el ambiente musical, inicio mi carrera como actor, interviniendo en comedias musicales y programas de televisión. 
EL CULEBRÓN
La entrevista continua ante una tarta de almendra: " Formé parte como cantante y percusionista durante una temporada de Los Billos Caracan Boys compaginando mi carrera musical con la de actor en telenovelas. Cuando intervenía en 1978, en  "Cristina Bazán", grabé la canción de Manuel Alejandro "Voy a perder la cabeza por tu amor" que sería el tema principal de la misma y que supuso mi lanzamiento internacional...". ¿ De donde viene el apodo de El Puma?..., quise saber: "Era el nombre de un personaje de telenovela con el que yo me identificaba plenamente. Era un personaje mágico. Lo cierto es que estoy agradecido a este sobrenombre ya que José Luis Rodríguez es muy común y lo de "El Puma" le da al nombre dimensión".

 Su cordialidad en el trato me dio pié para decirle lo que pensaba de él sin conocerlo: " No te preocupes, suele pasar (risas). Terminada la comida se retiran al hotel para descansar y quedamos en el Palacio de Deportes para probar sonido media hora antes de las ocho, hora en la que se abrirían las puertas del recinto. Cuando llego, la explanada estaba repleta de mujeres esperando la hora de entrar. ¡Nunca vi tanta mujer junta!. A los cinco minutos llega en taxi Jose Luis Rodríguez  y es materialmente asaltado por la multitud con grave riesgo para su integridad física. Algunos empleados del recinto y yo salímos a su encuentro para rescatarlo  de los apretujones que soportaba, y ya dentro del recinto, a salvo de sus apasionadas seguidoras, se recompone el atuendo al tiempo que con cara sonriente dice: "¡ Son gajes del oficio!...¡ Y que no falten!". Definitivamente "El Puma" me caía bien. Tras la prueba de sonido se refugia en el camerino donde le comunico que mis gestiones por encontrar a sus amigos venezolanos, no habían tenido éxito. Agradece mi interés y dice que ellos ya lo habían encontrado a él, llamándolo al hotel.

PETICIONES DE PATERNIDAD

Empieza la actuación y las fans más enfervorizadas aclaman con estruendo los insinuantes gestos escénicos del cantante, que se mueve como un "Pavo Real" sobre el escenario, al tiempo que alguna voz, acalorada por el ambiente, realiza apasionadas peticiones de inseminación exclamando  : "¡Quiero un hijo tuyo!". Aquello era un descoloque total -- y no solo por parte de las jovencitas-- que a duras penas podían contener las vallas de seguridad. Terminado el concierto El Puma se retira al camerino instalado en los vestuarios del gimnasio del Pabellón, mientras decenas de fans  toman el backstage  con la intención de obtener un autógrafo del artista en entradas, discos, o alguna foto recortada de las revistas del corazón. Aquello metía miedo. Los encargados del orden  estaban siendo sobrepasados por la avalancha femenina y podía haber problemas. 

Subo al camerino y pongo al manager en antecedentes de lo que está pasando, enfatizando la posibilidad real de un altercado de orden público ya que el público, en vez de salir del Pabellón, se arremolinaba en las vallas que resguardaban la zona de camerinos.  Sin apenas tiempo para secarse el sudor El Puma ordena que se deje acceso libre a las fans y la marea humana se desborda. Después de vocear que habría autógrafos para todo el mundo y de la necesidad de calma, se formó una doble fila india  que la estrechez de la escalera de subía al camerino se encargó de organizar.

TODO UN EJEMPLO

¡Todas las mujeres del mundo parecían haberse dado cita allí!. No sé exactamente la cifra  al  dejar de contar cuando llegué a las quinientas mujeres,... y la cola aún se perdía por las pistas del Pabellón. Durante más de dos horas José Luis, "El Puma" Rodríguez atendió a todas ellas, y algún "ello" también, con exquisita amabilidad y paciencia. 

 Al grito de ¡ Es un cielo!, "¡ Está como un tren! ","¡Me lo comería a besos!", y alguna que otra expresión más descarada, las fans abandonaban el camerino premiando la simpatía con la que fueron recibidas.  Sobre la una de la madrugada el manager me pregunta por un asador que estaba en la plaza de María Pita, en donde habían quedado para cenar con los amigos venezolanos. Les indico como llegar y me obligan a unirme al grupo.  Llegamos al asador, y lo que iba a ser una cena en "petit comité,  se había convertido en una reunión de más de treinta personas. 

Aunque sorprendido, y cansado por la "paliza" recibida,  El Puma aguantó estoicamente las constantes salutaciones y las muestras de afecto con las que le obsequiaban los "amigos de sus amigos" sin perder la sonrisa ni un solo instante. Todo un ejemplo de profesional que sabe lo mucho que le debe a su público y que devuelve, personalmente, los favores recibidos. 

De regreso a casa, aún iba "digiriendo" lo que había visto con mis propios ojos. Si alguien me lo hubiera contado, seguro que no lo creería.¡ "Chapeau" !