martes, 11 de junio de 2013

HISTERIAS DE LA ESCENA MUSICAL CORUÑESA: PINCHAZOS Y ÉXITOS



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Los conciertos con “pinchazo” de público y los que nunca se llegaron a realizar por “poca venta anticipada” y que en muchos casos fueron suspendidos, tras ser anunciados bajo la disculpa de problemas de salud , siempre con “certificación médica” por delante – se suelen quedar colgados en el limbo “histórico” a la espera de ser rescatados en alguna publicación anecdótica que, como esta, recopila al alimón historias e “histerias” de la escena musical coruñesa. Unos, los conciertos con pinchazo incluido, y otros, los conciertos con éxito absoluto – con reventón de público -- o “relativo” éxito artístico con entrada “chunga” --, alternarán en este capítulo en el que se narran algunos de los más “gordos”.

EL CONCIERTO MÁS  “TAQUILLERO”



El primer “pinchazo”, con suspensión, que recuerdo tuvo como protagonistas al cantautor argentino Eduardo Rodrigo y su esposa Teresa Rabal en 1978, antes de comenzar a incursionar en el mundo infantil y componer la obra musical para niños  "Una cigarra llamada Teresa" que los subiría en 1979 en el pedestal del éxito.
Eduardo Rodrigo tenía un buen cartel en el circuito musical español al haber ganado en 1972 el festival de Benidorm con  la canción “A maría yo encontré”, a la que seguirían “Indio”, “Por eso te quiero", "Uds. mujeres", etc... Un buen día recibo su llamada telefónica para comunicarme que estaban actuando por Galicia y que  vendrían a actuar a La Coruña. Yo era el contacto que le había dado en la casa de discos RCA Fernando Muñóz, jefe de promoción, que fue quién me los había presentado una noche en la madrileña discoteca “Carrusel”.
Pregunto el lugar donde darán el concierto y me dice que será en el Pabellón de Deportes. Tiene dudas de que este sea el recinto más idóneo para un concierto “acústico” como el suyo, y tampoco se las saco  de la cabeza. Andan apretados de tiempo y el concierto estaba apenas sin anunciar. Se gestionan entrevistas en la prensa y radio local donde se anuncia el concierto, y sin carteles publicitarios,   llega el día del concierto.
Como es costumbre en mi, me acerco al recinto uno hora antes y no veo a nadie en las taquillas. Voy a saludarlos al camerino y la duda en cuanto asistencia de público revolotea sobre la conversación… ¿Como lo ves? , pregunta Eduardo …”Hay que esperar al tirón final de taquilla”, respondo caritativo para dar ánimos, pero, el esperado “tirón” no llega y quince minutos antes de salir al escenario las taquillas siguen vacías. Se habían vendido alrededor de cincuenta entradas –  más o menos --.
Ante la evidencia de esta escasa concurrencia, la pareja decide suspender el concierto y devolver en taquilla el importe de las entradas. En el momento de la devolución Eduardo, con guitarra en mano , y Teresa se acercan a la zona de taquillas y empiezan a cantar ofreciendo un mini concierto al aire libre para quiénes que quedaron sin poderlos escuchar. Sorprendido por esta actitud, se formó un corro que fue aumentando con la incorporación de los viandantes que pasaban por allí. Al final hubo aplausos, no solo para las canciones, de reconocimiento por el “detalle” de los artistas.Fue, sin duda, el “concierto más taquillero” que presencié en mi vida profesional.

 LAS “CALENTURAS” DE “VEN, DEVORAME OTRA VEZ” SE CONGELARON EN EL PALACIO DE LOS DEPORTES


Leo en Internet :

“Apenas comenzando el 1990 Lalo Rodríguez ofreció en España galas, en La Coruña, Vigo, Bilbao y Madrid llenando la capacidad de las más populares plazas y discotecas. Cabe mencionar que durante una de dichas presentaciones se encontraba entre su público el afamado músico de jazz, Quincy Jones”.


No tengo constancia de lo que sucedió en las otras ciudades incluidas en la gira, pero, en el concierto de La Coruña, sorprendentemente, Lalo Rodríguez se llevó un  buen batacazo al no  congregar  más de 150 personas en el Palacio de los Deportes que terminaron de pié bailando salsa y cantando lo de “Ven, devórame otra vez” que era sin duda la canción reclamo, el gran éxito salsero  del portorriqueño. Gracias a ella, en 1989, Lalo Rodríguez obtuvo tres importantes premios otorgados por la prestigiosa revista “Billboard”: Cantante del Año en música tropical, Canción del Año “Ven, devórame otra vez”, y Mejor Producción Discográfica del Año por su L.P. “Un nuevo despertar” con el que volvía a los circuitos discográficos después de cuatro años de silencio.

La verdad es el concierto de Lalo pasó desapercibido y el pinchazo fue, al menos para mí, toda una sorpresa ya que durante las Navidades del 89, y en fechas precedentes, había sido una  canción de gran impacto popular. Con posterioridad al mismo, y buscando posibles causas con el manager del artista se le echó la culpa a la fecha del mismo, en pleno invierno, cuando los fríos y los vientos congelaron las calenturas salseras que tendrían más movilidad y aceptación en una sala de baile y no en Palacio de Los Deportes en los que la única calefacción que existía era la “humana”.
Por cierto en el concierto de A Coruña seguro que no estuvo  Quincy Jones ya que sería visible entre la poca gente que hubo.

1991, EL “AÑO DE LAS ESPANTADAS”

SE SUSPENDEN LOS ANUNCIADOS CONCIERTOS DE BEE GEES, TRANSVISION VAMP Y SIMPLE MINDS.

La Concejalía de Fiestas, con Eduardo Blanco al frente, estaba lanzada por los buenos resultados, más artístico y de promoción de la ciudad que económicos, alcanzados en los conciertos estelares de 1990. El de Prince en las instalaciones deportivas del colegio de Santa María del Mar – el coste de la producción se había “salido de madre” por el coste del cierre del recinto y las exigencias del artista – y el doblete en el Pabellón de Deportes de Tina Turner con lleno el primer día y más de media entrada el segundo.

Coincidiendo con la inauguración del Coliseo – se cuenta que se hizo lo  posible para que fuera Paul McCartney, a petición del alcalde Paco Vázquez, el que inaugurara el flamante recinto multiusos, pero, fue imposible  -- y con la intención de incrustar a la ciudad en el circuito de las estrellas internacionales de la mano del asesoramiento de Jesús Manzano,  --  gran conocedor de los entresijos del “show bussines” desde su etapa como batería en destacados grupos de pop de los años 60 y principios de los 70  , entre ellos el de Andrés Do Barro,  y artífice de los conciertos más importantes que hubo en la ciudad a nivel nacional e internacional, se pone en marcha una programación de alto standing internacional en el que figuraban artistas de la talla de Sting, Paul Simon, Bee Gees y Transvision Band , entre otros.
El primero en llegar a La Coruña fue Sting que el día 6 de junio de 1991 traajo al Coliseo su gira “ Soul Cages”. Sin llegar al esperado abarrote, el recinto lució una buena entrada. El siguiente concierto estelar, anunciado y con entradas a la venta para el viernes día 28, era el de los Bee Gees. A pocos días del concierto una noticia de agencia levanta la liebre: Los Bee Gees no actuarán en A Coruña”. Desagradable sorpresa toda vez que se seguían pegando los carteles, vendiendo las entradas anticipadas al tiempo que la Concejalía de Fiestas daba la “callada” por respuesta. Al final, los Bee Gees no actuaron en el Coliseo. Se dijo que se suspendía por insalvables “causas técnicas” cuando el motivo real fue la poca venta de entradas anticipadas.

LA CORUÑA “NO SE QUEDÓ” CON PAUL SIMON



Después del “petardazo” de los Bee Gees tras no haber levantado su concierto ninguna expectación --  curiosamente en el resto de la gira española tuvieron buenas entradas y buenas críticas – el Coliseo se vestía de gala para recibir el 28 de julio  -- el precio de las entradas era de 2.500 pesetas -- a Paul Simon  que llegaba a la ciudad con su “Born At The Right Time Tour”,  iniciado en enero de ese mismo año . Un concierto estelar en el que Simon interpretaría los clásicos de “Simón & Garfunkel" y exploraba la  música étnica, en esta ocasión de Brasil y Camerún. Junto a el venían diecisiete músicos que cubrían el amplio espectro de la carrera musical de Simón con el genial saxofonista Michael Brecket y el sin par batería Steve Gadd al frente. La formación se completaba con el guitarrista Vincet N´Guini, cuatro percusionistas brasileños – Sidihnho Moreira, Dom Chacal, Mingo Araujo y Cyro Baptista--; el saxofonista Barney Rachabane; el trompeta Chris Botti, los teclistas  Tony Cedras y Richard Tee; el bajista  Armando Sabal Lecho y los guitarristas Ray Phir y John Selolwane. Todos ellos arropados por la potente sección rítmica brasileña de Olodum y las voces del trio “The Waters”. A todo esto había que sumarle un innovador sistema de sonido con 105 canales de microfonía solo para el escenario.
La verdad es que, solo con ojear los créditos del concierto, a uno  hacía la boca agua. Prometía ser  espectacular y grandioso y lo fue.
Falló el público ya que asistieron al concierto -- uno de los mejores, “posiblemente el mejor” que he escuchado en mi vida  profesional y no solo en La Coruña -- , alrededor de  2.500 personas.
Los que faltaron y se consideran aficionados a la música con calidad, se lo han perdido. Sonido impecable, con cristalina nitidez, interpretaciones magistrales, impecables fueron llenando de ritmos y melodías dos horas y media de un concierto de ameno e histórico repertorio, desde Sound of Silence hasta The Boxer, pasando por Bridge Over Troubled Water." y recreando los temas más destacados de los álbumes Graceland y The Rhythm of the Saints --"The Boy in the Bubble," "You Can Call Me Al," "I Know What I Know," "Graceland," "Gumboots, "Late in the Evening," "Still Crazy After All These Years, entre otros.
El Coliseo parecía, al final del concierto de Paul Simón, un gallinero porque, quién más quién menos, teníamos la “piel de gallina”  por la emoción que nos había proporcionado .