martes, 11 de junio de 2013

IRON MAIDEN EN A CORUÑA 2003

CONCIERTO HISTÓRICO DE IRON MAIDEN

La ola heavy


El 23 de mayo del 2003, llegó al Coliseo de A Coruña Iron Maiden --Tour Dance Of Death -- y la Dama de Hierro lo abandonó, con las 12.000 personas que lo abarrotaban puestas en pié bailando y cantando Run To The Hill , en un final inenarrable. Tanto es así que el manager Rod Smallwood se emocionó, a pié de escenario,  con tan intensa despedida, al igual que lo hizo el cantante Bruce Dickinson, en palabras de mi buen amigo Luis Rovira, hombre fuerte  de Gamerco,  quién junto a Pino Sangliocco  estuvo supervisando el concierto para que los guiris, siempre moscas cojoneras, quedaran satisfechos. Como así fue.

Los piropos de Mariscal Romero

Era la primera vez que esta leyenda del metal rock llegaba a A Coruña a bordo del  Give Me Ed…’Til I’m Dead Tour 2003 , y la ciudad los recibió como se merecían con miles de almas metálicas y un ambiente increíble de pasión y entrega, según testimonio escrito en la revista especializada Kerrang!, por Mariscal Romero, locutor de radio que desde los 70 viene apoyando con todas sus fuerzas al rock duro y al heavy metal convirtiéndose en un indispensable  de la historia del rock duro español que, en 1975 al grito de guerra de Viva el rollo, puso en la escena discográfica un recopilatorio de grupos rock españoles .Con el presencie buena parte del concierto mostrando mi admiración por lo visto y escuchado. Un entusiasmo que el dio forma en la prensa escrita nacional: Ví el concierto junto a toda una leyenda de la radio y prensa musical gallega. El gran Nonito Pereira que junto a algunas gentes de la politica local – se refería al presidente de la Diputación,   Santiago Fernández Moreda  -- no salían del asombro de ver a tanta peña respondiendo a la llamada del metal.

 El concierto prometía y acabo convirtiéndose en una romería primaveral a ritmo de temas memorables en la que el Coliseo fue testigo del buen rollo y ausencia de incidentes en una gran noche de rock. Desde de el principio  el quinteto dejó la piel sobre el escenario llevando en volandas  a su público rendido desde la primera canción , refugiándose   en el sonido metálico y apocalíptico con el que triunfaron en los años ochenta.



 Arreando estopa

Aparecieron con casi total puntualidad, el bajista Seteve Harris, los guitarras David Murray, Adrian Smith y Janick Gers, y el batería Nico McBrain, y tras los primeros acordes de uno de sus temas más emblemáticos, The number of the beast, salió a escena el cantante Bruce Dickinson. Todo el primer bloque del concierto estuvo dominado por viejos temas de los años 80, como The Trooper , Die with the boots on, Revelations y Hallowed thy name, una de sus piezas más emblemáticas, que fue recibida con grandes gritos del respetable, que no dejó de botar durante casi dos horas.
El pasado más remoto estuvo representado por uno de sus primeros temas, 22 Acacias Av, de su álbum de debut Iron Maiden (1976), y fue esa canción la que dio paso al futuro, ya que Dickinson presentó Wildest Dreams como un anticipo del álbum que publicarán en septiembre. Volvieron al pasado con The wicker man, al que siguió Breve new world, título de su último álbum de estudio y que supuso el regreso de Bruce a la banda en el año 2000.
Fue el propio Dickinson el encargado de recordar que en esto del metal no existe ni el blue, black, gost o speed, sino el único y jodido metal que existe es el nuestro. Llevamos 25 años  y - 50 millones de álbumes vendidos,  luchando contra las emisoras de radio que no nos pinchan, y estamos aquí porque vosotros estáis aquí", dijo. Tras Fear of the dark, cerraron el concierto, como hace desde hace 25 años, con su himno personal, Iron Maiden. Pero no todo todo terminó ahí y para los bíses se guardaron otros tres clásicos, Bring your daugther, Two minutes to midnight y Run to the hills.

La Marea Negra

Como suele ser habitual, en el concierto perdí de vista a mi mujer que se quedó
al resguardo de una cargada atmósfera  ambiental en un lateral de la grada próximo a la entrada de prensa  y me dedique a deambular por el recinto para visualizar y hacer tomas de sonido desde diferentes ángulos y de cerveza en la barra. A mayores, ese día, Jesús Manzano, uno de los grandes responsables, junto al concejal Eduardo Blanco, de que  el circuito de las estrellas llegara a A Coruña en su día, me avisó de la presencia de Luis Rovira en el back stage. Para poder bajar a saludarlo, Jesús llamó a Kata, toda una institución y hombre referencial en los grandes montajes de grandes espectáculos –  fue el encargado de poner en pié toda la infraestructura del Concierto de los Mil Años (1993)  en Riazor – y tras darnos el abrazo de rigor me hace llegar una acreditación de All Areas con la que fui al encuentro de Rovira. A pié de escenario el espectáculo era impresionante. Una marea negra de camisetas con el anagrama de Iron Maiden inundaba el recinto con constantes flujos y reflujos rítmicos. Una visión espectacular que imponía.


Mi mujer…empapada

Cuando el concierto tocaba a su fin, fui al encuentro de mi mujer y me encontré con la zona en la que estaba inundada por una gran ola provocada por la satisfacción de disfrutar de un conciertazo por parte de los asistentes. Hasta ahí, todo normal. La anormalidad  llegó cuando al finalizar el concierto veo que mi mujer, sonriendo, viene hacia mi rodeada de una decena de jóvenes rockeros que la vitoreaban… Uno de ellos hace de portavoz y me dice: Colega vaya mujer más enrollada que tienes…¡ojalá mis viejos fueran así!.
Camino del coche, le pregunto a mi mujer que había pasado y entre risas me cuenta que  cuando estaba sentada , a su lado llegó un grupo de jóvenes que empezaron a cantar y bailar de pié: Yo era la abuelita de todos y no las tenía mucho conmigo y ya estaba pensando en cambiarme de sitio cuando el de mi lado pregunta si me molestaba  que fumara…le digo que no y corre la bola a toda la fila que se pone de pie y empiezan a hacerme la ola que aumenta de tamaño con las filas vecinas…¡Que vergüenza pasé!.




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