lunes, 28 de julio de 2014

EN EL RECAUCHUTADO: "ARREGLANDO" CONCIERTOS CON "PINCHAZOS"

El concierto más "taquillero" (Eduardo Rodrigo y Teresa Barral, 1978)


El primer pinchazo con suspensión que recuerdo en A Coruña  tuvo como protagonistas al cantautor argentino Eduardo Rodrigo y su esposa Teresa Rabal en 1978, antes de comenzar a incursionar en el mundo infantil y componer la obra musical para niños Una cigarra llamada Teresa, que los subiría en 1979 en el pedestal del éxito.

Eduardo Rodrigo tenía un buen cartel en el circuito musical español al haber ganado en 1972 el festival de Benidorm con  la canción A María yo encontré, a la que seguirían Indio, Por eso te quiero, Uds. Mujeres y otras. Un buen día recibo su llamada telefónica para comunicarme que estaban de gira por Galicia y que vendrían a actuar a La Coruña. Yo era el contacto que le había dado en la casa de discos RCA Fernando Muñoz, jefe de promoción, que fue quién me los había presentado una noche en la madrileña discoteca Carrusel. Pregunto el lugar dónde darán el concierto y Eduardo Rodrigo me dice que será en el Pabellón de Deportes. Tiene dudas de que éste sea el recinto más idóneo para un concierto acústico como el suyo, y tampoco se las saco de la cabeza. Andan apretados de tiempo y el concierto estaba apenas sin anunciar. Se gestionan entrevistas en la prensa y la radio locales, donde se anuncia el concierto. Sin carteles publicitarios, llega el día de la actuación. Como es costumbre en mí, me acerco al recinto uno hora antes y no veo a nadie en las taquillas. Voy a saludarlos al camerino y la duda sobre la asistencia de público revolotea sobre la conversación. Eduardo me pregunta.

–¿Cómo lo ves?
–Hay que esperar al tirón final de taquilla.

Respondo caritativo para dar ánimos, pero, el esperado tirón no llega y quince minutos antes de salir al escenario las taquillas siguen vacías. Se han vendido alrededor de 50 entradas. Ante la evidencia de esta escasa concurrencia, la pareja decide suspender el concierto y devolver en taquilla el importe de las entradas. En el momento de la devolución, Eduardo, guitarra en mano, y Teresa se acercan a la zona de taquillas y empiezan a cantar. Ofrecen un mini concierto al aire libre para los que se iban a quedar sin poder escucharlos. Sorprendido por esta actitud, se forma un corro que va aumentando con la incorporación de los viandantes que pasaban por allí. Al final hay aplausos de reconocimiento, no sólo para las canciones, por el detallazo de los artistas. Fue, sin duda, el concierto más taquillero que he presenciado en mi vida profesional.

Cinco entradas vendidas (Lucía, 1982)


María Isabel Rodríguez Lineros, Lucía de nombre artístico, fue la representante de España en el Festival de Eurovisión de 1982. Aún recuerdo la euforia que se vivía en la discográfica Movieplay por la elección de esta cantante que lucía más por su palmito –por entonces tenía 18 años y fue la intérprete más joven que nos representó en el Eurofestival–,  que por su voz.  El caso es que, en plena guerra de las Malvinas, en la que estaban enfrascados el Reino Unido y Argentina, alguien tuvo la ocurrencia de elegir un tango, Él para que Lucía defendiera el honor musical patrio en Harrogate (Reino Unido). Los abucheos y silbidos del público  durante la actuación cantaban una clasificación que al final no fue tan catastrófica por las habituales componentes eurovisivas, que la colocaron en un honroso  décimo lugar.


Para aprovechar el tirón promocional de su presencia en Eurovisión, Lucía emprendió una gira por España, que llegó al Pabellón de los Deportes y se marchó sin que Lucía pisara el escenario para lucir su donosura ante el desconsuelo de cinco personas que habían comprado entradas para el concierto. Se suspendió sin que la cantante tuviera la amabilidad de cantar en las taquillas durante la devolución del dinero, que, por cierto, solo fue reclamado por cuatro personas ya que la quinta –fan incondicional de la sevillana– optó por conservarla y enmarcarla como recuerdo de aquel día en el que le dio dos besos en la mejilla a Lucía, cuando la cantante salía del pabellón compungida.