viernes, 18 de julio de 2014

ALEJANDRO FERNÁNDEZ: UN CONCIERTO "CÓNCAVO Y CONVEXO"


Un show "sexy- romántico" de largo recorrido-- dos horas cuarenta minutos-- en el que el repertorio estuvo bien "acoplado".



Vino de nuevo "El Potrillo" y alrededor de seis mil personas, con mayoría femenina, lo recibió  con entusiasta griterío. Y Alejandro Fernández no llegó solo al Coliseo de A Coruña. Trajo un nutrido grupo de acompañamiento musical, con un trompetista que saco brillo a su instrumento en momentos puntuales del concierto, un mariachi y una espectacular puesta en escena a base de tecnología punta, con un innovador  sistema de estructuras móviles , luces robóticas y pantalla gigante.



 Venia en plan "confidencial" a cantar a las cosas del amor y el desamor envueltas en canciones "clásicas" y de cosecha propia matizadas con buena voz y simpatía escénica.. Empezó, en medio de un fervor ambiental con el tema "Concavo y convexo" de Roberto Carlos, que de alguna manera era indicativo de lo que sería el "show "sexy- romántico" de largo recorrido-- dos horas cuarenta minutos-- en el que el repertorio estuvo bien "acoplado, marcado por cambios en su indumentaria. 

De entrada "hecho un dandy" con "coleta". De esa guisa puso voz a canciones como "Hoy tengo ganas de ti", de Miguel Gallardo, "Te quiero", de Nino Bravo y "Abrázame" de Rafael Ferro y Julio Iglesias, que junto a sus  éxitos propios enardecieron a su público que no tardo mucho en seguir las cadencias rítmicas y convertirse en masa coral. Por momentos me recordó a José Luis Rodríguez, "El Puma".



Salió el Mariachi, espectacular, y el concierto ganó en energía. Enfundado en su traje de charro , y se "desmeleno".  Alejandro hizo honor a su país, a su mariachi y a la música mexicana, y salieron a relucir banderas mexicanas entre el auditorio..

 Nuevo cambio de "look", informal y con coleta, con el grupo y el mariachi en escena, enfilo el tramo final interpretando un popurrí -- en el que no figuraban "Volver, volver" ni "El rey" como algunos esperaban -- en homenaje a su padre, Vicente Fernández, a quién definió como “mi amigo, mi ejemplo, mi confidente y mi maestro”. 

Fue un concierto completo, en el que Alejandro Fernández mostró su categoría artística, encontrándose a gusto en  las canciones de medio tiempo--baladas, boleros rancheras -- mayoritarias en un repertorio que encandiló a sus seguidores.