lunes, 8 de julio de 2013

1976 - CONCIERTO DE CAT STEVENS, CON "DESCONCIERTO" INCLUIDO

UN CONCIERTO DURANTE  LA TRANSICIÓN




No era un concierto politizado. Solo era, y ya era mucho, uno de los primeros conciertos multitudinarios a cargo de las estrellas internacionales , que hasta la segunda mitad de la década de los 70, no se habían dignado a visitar el país, bien por no estar "democratizado" o por no tener un mercado musical de cierta envergadura para rentabilizar las visitas.

La primera vez que Cat Stevens-- hoy conocido como Yusuf Islam, tras su conversión al islamismo-- actuó en España,en el Pabellón del Real Madrid, --28 de Mayo de 1976 -- los periodistas musicales de provincias invitados al acontecimiento llegamos en grupo y fuImos instalados en unas de las barras del recinto donde poco a poco fueron concentrándose el resto  de invitados de los medios de Madrid.



Situados en la improvisada zona de prensa, cada uno tenía libertad de movimientos para buscarse la vida y encontrar un buen sitio desde donde ver y escuchar la actuación con la consigna de volver al ambigú al termino de la misma y, desde allí, todos los "provincianos" ir a cenar juntos. 

Después de recorrer el Pabellón y no encontrar ningún sitio -- estaba a tope de gente -- desde donde poder ver y escuchar bien el concierto, decidí volver a la "oficina móvil "de prensa desde donde se podía escuchar con nitidez pero no se podía ver. No fui el único que tuvo esa idea ya que, luna buena parte de la prensa musical, estaba allí instalada escuchando el concierto aunque sin posibilidad de verlo.

Para subsanar esta falta de visión, nos acercábamos de forma intermitente a una de las entradas interiores de acceso al recinto para, desde allí, realizar  inspecciones oculares de seguimiento del concierto. El ambiente era de gala y también el número de Policías Nacionales que dentro y fuera del Pabellón ponían e imponían respeto para que las multitudes guardaran la debida "compostura", disolviendo cualquier tipo de concentración que pudiera derivar en manifestación toda vez que estábamos inmersos en lo que hoy se conoce como "transición" y el ambiente ciudadano estaba tenso. 

La presencia de los anti-disturbios imponía respeto aunque el público solo mostraba interés en participar en el acontecimiento musical.Todo iba bien hasta que, en una de esas "inspecciones " al recinto, me encuentro con un "tapón" de cuatro agentes del orden plantificados en el acceso a nuestro "mirador". De manera educada y respetuosa, solicito la posibilidad de que me dejen pasar para ver la actuación y me encuentro con unas miradas disciplentes que me examinan de arriba a abajo sin hacer el menor caso a mi petición. Allí no se mueve nadie y regreso al ambigú para informar de la "barricada" que nos impide el paso. No le damos mayor importancia hasta que escuchamos fuertes aplausos en la sala y queremos saber el motivo. Instintivamente vamos al "vomitorio" y de nuevo nos topamos con la
barrera que impide la visión y que produce un atasco en el acceso.

Me coloco a la altura de los agentes que están de espaldas y de nuevo solicito, con educación , que me abran paso,  al tiempo que hago ademán de apartar a uno de ellos que, de inmediato me fusila con la mirada por mi osadía. "­A dónde va Ud. !", oigo detrás  de mí  una voz  enérgica que dice "­Por aquí no se puede pasar!" y siento una mano que me sujeta por el hombro . Molesto por la acción giro la cabeza y digo, "¨Como no se va  a poder pasar?... precisamente esta es una entrada del público al recinto y lo que no se puede hacer es bloquearla...

¡Que oportunidad perdí de estar callado!. La réplica del agente fue‚ de "ordeno y mando", ante lo que esgrimí mi entrada y me sitúo‚ delante de ellos que se quedaron cubriendo la retaguardia . De vez en cuando, miraba de reojo para atrás y los veía conversando y haciendo gestos que me señalaban .Decído regresar al ambigú y, cuando estoy a medio camino, dos de los Policias Nacionales me cortan el paso  y con toda contundencia solicitan que me identifique. Les hago entrega del DNI que miran con detalle. No contento con ello, me invitan a que les acompañe para proceder a una identificación vía radio-patrulla. 

Cuando todo daba a entender que estaba "retenido", se cruza con el grupo, mi amigo Xerardo Rodriguez, por entoces de la Cope de Vigo que, al igual que yo,  iba y venia desde el ambigú para presenciar la actuación. Al ver Xerardo que me sacaban "escoltado" me pregunta el porqué y con "prisas" -- los agentes me apremiaban para que no interrum-piera la marcha -- le explico los motivos de lo que aparentaba ser una detención. Sorprendido por lo desagrabable de la escena Xerardo intenta dialogar con mis acompaantes que, con gesto adusto y malhumorado no le hacen ni caso...Llegamos a las puertas del Pabellón y le pido a Xerardo que avise al "jefe de la expedición", Carlos Juan Casado de Ariola, de lo que estaba pasando mientras me conducen hasta una "lechera" aparcada en las inmediaciones.

Cuando las puertas del vehículo policial ya estaban abiertas para "facilitar" mi acomodo en el interior, aparece corriendo el "grueso" de mis compañeros alertados por Xerardo. Todos a "una" piden respetuosamente "explicaciones" que nadie parece querer dar y mi "acongojonamiento" me lleva a pensar en una noche en comisaría .

El concierto de Cat Stevens se estaba convirtiendo en un mal sueño por la testarudez de unos agentes de la autoridad. Por fín, cuando ya estaba instalado en el vehículo policial aparece en escena un teniente que parece más " asequible" al diálogo con mis compañeros y, después de diez minutos,--que me parecieron toda una eternidad-- sentado en el coche patrulla oigo una voz salvadora que dice, "!Puede Ud. salir­", al tiempo que una mano me extiende mi documento de identidad. 

Ni una explicación más. Tampoco estaba en condiciones de pedirla por si se arrepentían del rasgo de generosidad y volvían a las "andadas". Así que pusimos tierra por medio y regresamos al ambigú para retomar el concierto entre risas a mi costa por lo sucedido que, aún sin hacerme ninguna gracia, fueron protagonistas del resto de la velada que por momentos creí que acabaría en comisaría aunque no tarareando "Wild World"